El manglar y los bolongs de Casamance: un ecosistema vital y los retos de su conservación
Verdadero pulmón verde del sur de Senegal, el manglar de Casamance es un ecosistema anfibio esencial. Bordeando el dédalo de los bolongs — esos brazos de mar sometidos a las mareas — y formado principalmente por mangles (Rhizophora y Avicennia), actúa como amortiguador frente a la erosión costera, constituye un criadero vital para la fauna pesquera y representa un importante sumidero de carbono. Pese a una reciente dinámica de regeneración, este ecosistema sigue siendo extremadamente vulnerable, sometido a presiones crecientes, tanto climáticas como humanas. Este dosier traza su estado actual, desde su biodiversidad hasta las amenazas que pesan sobre él, y hasta las técnicas de restauración que devuelven la esperanza.
Comprender la fragilidad y la importancia de este laberinto acuático es esencial para cualquier visitante consciente de su impacto. Si bien explorar los *bolongs* es una experiencia imprescindible, Casamance alberga muchas otras maravillas. Para ayudarle a preparar su estancia y ampliar sus horizontes, consulte nuestra guía completa de Casamance: una auténtica hoja de ruta para vivir una aventura genuina.
Los mangles y la zonificación del estuario
El manglar casamancés se compone principalmente de tres especies de mangles, cada una de las cuales ocupa una zona precisa del estuario — la zonificación — según la salinidad y el tiempo de inmersión.
Rhizophora mangle, el mangle rojo
Especie pionera y la más emblemática, reconocible por sus espectaculares raíces zancudas que se hunden en el fango. Crece en primera línea, en contacto diario con el agua.
Rhizophora racemosa
Muy próxima a la anterior, tolera aguas algo menos saladas y se desarrolla río arriba en los estuarios, alcanzando a veces tamaños impresionantes.
Avicennia germinans, el mangle negro
Situado más atrás, en las zonas altas y más salinas (cerca de las tannes), no posee raíces zancudas sino una red de neumatóforos: raíces verticales que asoman del fango como tubos para captar el oxígeno del aire durante la marea baja.
En conjunto, estos mangles atrapan los sedimentos, filtran las aguas salobres, fijan la línea de costa y almacenan carbono de forma masiva — uno de los sumideros de « carbono azul » más eficaces del planeta. Sobre todo, la maraña de sus raíces ofrece un criadero irreemplazable a los peces juveniles, a los camarones y a las ostras.
Las principales amenazas
La degradación del manglar casamancés comenzó con los grandes ciclos de sequía de los años setenta y ochenta, pero las amenazas actuales están mayoritariamente ligadas a la actividad humana.
La hipersalinización y el clima
El descenso histórico de las precipitaciones, unido a una fuerte evaporación, ha provocado una salinización extrema de las aguas del río Casamance y la acidificación de los suelos. De ello resulta la formación de tannes, esas vastas extensiones desnudas e hipersalinas donde la vegetación muere.
La sobreexplotación de la madera
El mangle produce una madera dura, densa y resistente a las termitas. Durante mucho tiempo se taló masivamente como leña — sobre todo para el ahumado del pescado — y como madera de construcción; tradicionalmente servía también para los techos de las casas diola, en particular las casas de impluvio. Realizada mediante la mutilación directa de raíces y ramas, y alimentada sobre todo por la producción de carbón vegetal, esta tala ha arrasado sectores enteros de manglar. Por eso la tala del mangle — como el uso tradicional de su madera para armazones y techos — está hoy formalmente prohibida, aunque la tala ilegal persiste.
Las prácticas ostrícolas destructivas
La recolección tradicional de las ostras, que se aferran a las raíces zancudas de los mangles, todavía termina demasiado a menudo con el corte puro y simple de las raíces, lo que debilita o mata al árbol.
La expansión urbana y las infraestructuras
La presión demográfica en torno a ciudades como Ziguinchor va mermando las superficies de manglar periurbano. Paralelamente, infraestructuras mal concebidas — algunos puentes o diques antisal — han modificado la hidrodinámica natural del estuario, favoreciendo el aterramiento y bloqueando el flujo regulador de las mareas.
Consecuencias ecológicas y socioeconómicas
La pérdida de cobertura del manglar desencadena una reacción en cadena que golpea directamente a las poblaciones locales, en particular a los diola, cuya cultura y economía están íntimamente ligadas a él.
| Impact | Consecuencias concretas sobre el terreno |
|---|---|
| Colapso de los recursos pesqueros | Al servir el manglar de zona de desove, su destrucción provoca la escasez de peces, camarones y ostras. Esto golpea con dureza los ingresos de las mujeres, encargadas de la transformación y la venta — un papel que detallamos en nuestro dosier sobre la pesca en Casamance. |
| Amenaza para el cultivo del arroz | La erosión de la barrera natural de mangles deja que el agua salada se infiltre en las tierras. Los arrozales tradicionales, dispuestos detrás del manglar, quedan carcomidos por la sal y acaban abandonados. |
| Erosión costera agravada | En el litoral atlántico y en las islas del estuario (Carabane, Diembéring), el mar avanza de forma alarmante. Al no estar ya frenadas por el bosque, las olas arrancan las orillas y amenazan directamente las viviendas. |
Regeneración y gestión sostenible
Desde principios de los años dos mil se ha producido una verdadera toma de conciencia. Gracias a campañas masivas de reforestación llevadas a cabo por las comunidades locales y por ONG como el Océanium de Dakar, la tendencia se ha invertido localmente: las imágenes por satélite muestran hoy un ligero avance global de las superficies de manglar en zonas como Oussouye o Énampore.
Pero la reforestación no basta si no va acompañada de una gestión sostenible. Los proyectos impuestos desde arriba chocan a veces con una escasa aceptación social. El reto ahora es dar valor económico al manglar en pie — mediante el ecoturismo o la financiación del carbono REDD+ — y formar a las poblaciones en métodos de recolección de ostras no destructivos, como las guirnaldas de captación.
Las técnicas de reforestación comunitaria
El éxito de las campañas de restauración se apoya en un conocimiento fino de la flora local y en técnicas silvícolas adaptadas al ritmo de las mareas. El método más extendido y eficaz es la siembra directa de propágulos de Rhizophora. Los propágulos son los órganos de dispersión del árbol, parecidos a largas velas verdes; ya germinados cuando aún están en el mangle, los recogen maduros los habitantes de los pueblos, a menudo organizados en comités de vigilancia.
Durante la estación de las lluvias (el hivernage), los voluntarios se adentran en el fango con la marea baja para plantar estos propágulos en vertical, hasta dos tercios, en el sedimento blando. La tasa de éxito es alta, pues la planta arraiga muy rápido antes de que las mareas siguientes puedan arrancarla. Para la Avicennia, de semillas pequeñas y planas como judías, se prefiere el acotado — la protección de las zonas degradadas para dejar actuar a la naturaleza — y el restablecimiento de la circulación de agua dulce para lavar el exceso de sal del suelo.
Explorar los bolongs en piragua, con total seguridad
Estos retos se inscriben en el panorama más amplio de la protección ecológica de Casamance. Comprender el manglar no se improvisa: navegar por los bolongs exige un conocimiento preciso de las mareas y de los canales. Por eso hemos documentado varios itinerarios para descubrir Casamance, pensados como inmersiones ecológicas respetuosas. Estas salidas en piragua permiten comprender el manglar y su papel vital sin comprometer jamás el frágil equilibrio del biotopo.
🌿 El Calendario del Manglar de Casamance
El ecosistema de los bolongs y la biodiversidad anfibia de Casamance
De noviembre a enero en Casamance
Tras la estación de las lluvias, la estación seca se instala progresivamente y los bolongs recuperan un agua más salada. Los mangles rojos (Rhizophora racemosa, Rhizophora mangle y Rhizophora harrisonii) bordean los canales sometidos a las mareas, mientras que los mangles blancos (Avicennia africana) ocupan más bien los sectores más elevados y menos inundados. Sus raíces y sus neumatóforos estructuran un hábitat particularmente rico para peces, crustáceos y moluscos.
En los bolongs, la vida acuática sigue siendo muy activa. Las tilapias de mentón negro (Sarotherodon melanotheron), las lisas, los sábalos africanos (Ethmalosa fimbriata), los bagres marinos (Carlarius spp.), las corvinas (Pseudotolithus spp.) y diversos peces de afinidad estuarina frecuentan los canales y los márgenes del manglar. Los muestreos científicos realizados en el área marina protegida de Niamone-Kalounayes muestran en particular una elevada diversidad en diciembre, con 27 especies de peces registradas a lo largo del mes.
Con la marea baja, las llanuras fangosas revelan los cangrejos violinistas (Uca tangeri), los peces del fango (Periophthalmus barbarus) y numerosos invertebrados intermareales. Sobre las raíces de los mangles, las ostras de manglar (Crassostrea gasar) prosiguen su crecimiento. Las llanuras fangosas, los canales y los bancos de arena constituyen también importantes zonas de alimentación para las garzas, las garcetas, los pelícanos, los charranes y otras aves acuáticas de Casamance.
De febrero a abril en Casamance
La estación seca acentúa la evaporación y los contrastes de salinidad entre los distintos sectores del estuario. Con la marea baja, las llanuras fangosas y las marismas salinas (tannes) resultan particularmente visibles. Los cangrejos violinistas (Uca tangeri) ocupan las zonas fangosas descubiertas, mientras que los peces del fango (Periophthalmus barbarus) se desplazan entre el fango y los pequeños canales. Los neumatóforos de las Avicennia emergen entonces claramente del fango y dan testimonio de la notable adaptación de los mangles a los suelos regularmente privados de oxígeno.
Los peces de afinidad estuarina siguen estando en el centro de la biodiversidad de los bolongs: tilapia de mentón negro (Sarotherodon melanotheron), tilapia guineana (Coptodon guineensis), lisas (Mugil y Chelon spp.), bagres marinos (Carlarius spp.), sábalo africano (Ethmalosa fimbriata), barracuda guachanche (Sphyraena afra) y varias especies de corvinas (Pseudotolithus spp.) utilizan los canales y los márgenes del manglar.
Los muestreos mensuales de Niamone-Kalounayes muestran sin embargo una evolución estacional bien marcada: en marzo y abril, el capitán (Polydactylus quadrifilis), la lisa (Parachelon grandisquamis), la barracuda guachanche (Sphyraena afra) y el Hemichromis fasciatus figuran entre las especies asociadas a los conjuntos más abundantes.
En las zonas intermareales, las ostras de manglar (Crassostrea gasar) permanecen fijadas a las raíces de los mangles. Las llanuras fangosas constituyen también zonas de alimentación privilegiadas para las aves zancudas: garzas, garcetas y otros ardeidos buscan peces, crustáceos y pequeños invertebrados en las aguas poco profundas. En las aguas estuarinas, a veces se puede observar el discreto paso del delfín jorobado del Atlántico (Sousa teuszii / Enyas).
De mayo a junio en Casamance
La estación cálida precede la llegada de la estación de las lluvias. El calor y la evaporación refuerzan los contrastes entre los distintos hábitats del manglar. Los mangles blancos (Avicennia africana) estructuran las zonas de manglar más elevadas y sus neumatóforos emergen del fango para asegurar los intercambios gaseosos. La floración y la presencia de las abejas contribuyen también a la riqueza ecológica de este ecosistema, donde se produce en particular la reputada miel de manglar.
Es también un período importante para las actividades tradicionales ligadas a los recursos del manglar. La recolección de ostras de manglar (Crassostrea gasar) es en particular una gran actividad tradicional de las mujeres de Casamance. Bajo las raíces, los camarones (Penaeus notialis), los cangrejos, los pequeños peces y los juveniles aprovechan las zonas tranquilas y ricas en alimento.
Los muestreos de Niamone-Kalounayes muestran una fuerte presencia de peces estuarinos y numerosos individuos juveniles: el manglar funciona verdaderamente como una guardería natural para los recursos pesqueros.
Los conjuntos comprenden en particular el sábalo africano (Ethmalosa fimbriata), la lisa (Chelon dumerili), el Elops lacerta, la lisa de aletas amarillas (Neonchelon falcipinnis), el lenguado (Citharichthys stampflii), el pez hoja (Monodactylus sebae), la raya (Fontitrygon margarita) y la corvina (Pseudotolithus elongatus).
El camarón tigre gigante (Penaeus monodon) también puede observarse en el estuario de Casamance, con una abundancia particularmente estudiada entre abril y junio. Su presencia en el estuario sigue siendo, no obstante, atípica en comparación con el camarón rosado Penaeus notialis.
En las orillas, los cangrejos y los moluscos prosiguen su ciclo mientras las aves acuáticas aprovechan la abundancia de presas en las llanuras fangosas. Al acercarse las primeras lluvias, los cambios de temperatura, salinidad y nivel del agua empiezan progresivamente a modificar la distribución de la fauna.
De julio a octubre en Casamance
La estación de las lluvias transforma profundamente los bolongs. Las lluvias aportan agua dulce y modifican la salinidad del estuario, lo que influye directamente en la distribución de los peces y en la dinámica de la vegetación. En Casamance, el regreso de las lluvias acompaña la regeneración de varios sectores de manglar, en particular a través de la reproducción de Rhizophora y Avicennia.
Es también el período emblemático de los propágulos de los mangles. Las jóvenes plantas de Rhizophora se desarrollan directamente sobre el árbol antes de desprenderse en forma de largos propágulos. En la Baja Casamance, su recolección y su plantación para restaurar los manglares se realizan tradicionalmente durante la estación de las lluvias, con operaciones particularmente activas de julio a octubre.
El manglar desempeña entonces plenamente su papel de guardería acuática. Los muestreos de Niamone-Kalounayes mostraron que los juveniles representan alrededor del 70 % de los peces capturados. Las especies de fuerte afinidad estuarina comprenden en particular la tilapia de mentón negro (Sarotherodon melanotheron), la tilapia guineana (Coptodon guineensis), el sábalo africano (Ethmalosa fimbriata), las lisas, los bagres marinos (Carlarius spp.), los Elops y diversas corvinas.
Septiembre es un momento particularmente notable para la biodiversidad de los peces: en el estudio de Niamone-Kalounayes, es el mes que presenta la mayor abundancia y la mayor biomasa, con 26 especies registradas. Julio y octubre figuran también entre los meses de fuerte riqueza específica, con 25 especies cada uno.
En las llanuras fangosas y los canales, los cangrejos violinistas, los peces del fango, los camarones y los moluscos siguen aprovechando las zonas intermareales. Las ostras de manglar (Crassostrea gasar) experimentan también un importante período de reclutamiento: cerca del océano, el asentamiento de las larvas se observó de marzo a octubre, con un máximo en julio; más aguas arriba, la bajada de salinidad del final de la estación de las lluvias, de agosto a noviembre, puede desencadenar la puesta y la fijación de las jóvenes ostras.
Cuando las lluvias disminuyen en octubre, el manglar empieza progresivamente a recuperar las condiciones de la estación seca. El ciclo comienza entonces de nuevo, entre el crecimiento de los mangles, la renovación de los conjuntos acuáticos y los desplazamientos estacionales de la fauna.
🌿 El manglar, los mangles y sus habitantes en Casamance en Senegal
El manglar de Casamance en Senegal forma un ecosistema único en la interfaz entre la tierra y el mar. Su red de bolongs, llanuras fangosas y canales está compuesta principalmente de mangles, perfectamente adaptados a las aguas salobres y a las variaciones de salinidad. Verdadera barrera natural contra la erosión, el manglar contribuye también al almacenamiento de carbono y constituye una zona esencial de reproducción, crecimiento y alimentación para numerosas especies de peces, crustáceos, moluscos, aves y reptiles.
- El mangle rojo (Rhizophora racemosa), reconocible por sus impresionantes raíces zancudas que estabilizan las orillas y ofrecen numerosos refugios a la fauna acuática.
- El mangle blanco (Avicennia africana), adaptado a los suelos fangosos y salados gracias a sus neumatóforos, pequeñas raíces que emergen del fango para permitir los intercambios gaseosos.
- El mangle negro (Laguncularia racemosa), presente en ciertos sectores del manglar de África occidental y adaptado a los medios sometidos a variaciones de salinidad.
- Las ostras de manglar (Crassostrea gasar), que se fijan en particular sobre las raíces sumergidas y constituyen un importante recurso tradicional para las poblaciones de Casamance.
- Los camarones, en particular el camarón rosado del sur (Penaeus notialis), que utilizan las zonas estuarinas y los manglares durante distintas fases de su ciclo biológico.
- Los cangrejos violinistas (Uca tangeri), particularmente visibles sobre las llanuras fangosas descubiertas con la marea baja.
- Los peces del fango (Periophthalmus barbarus), peces anfibios capaces de desplazarse sobre el fango y perfectamente adaptados a la vida en las zonas intermareales.
El manglar constituye también una guardería natural para numerosas especies de peces. Las raíces de los mangles ofrecen un refugio a los jóvenes individuos, que pueden encontrar allí alimento y protección antes de alcanzar las aguas más abiertas. Entre las especies asociadas a los medios estuarinos y costeros de Casamance figuran en particular:
- La cherna o thiof (Epinephelus aeneus), gran depredador costero emblemático de las aguas senegalesas.
- El capitán (Polydactylus quadrifilis), gran pez depredador que frecuenta las aguas estuarinas y costeras.
- La tilapia de mentón negro o wass (Sarotherodon melanotheron), especie particularmente adaptada a las aguas salobres de los estuarios.
- Las lisas (familia de los Mugilidae), muy presentes en las aguas costeras y estuarinas.
- Las corvinas (Pseudotolithus spp.), peces demersales importantes de los ecosistemas costeros de África occidental.
- Los jureles (Caranx spp.), grandes peces depredadores asociados a las aguas costeras y a los estuarios.
Los habitantes del manglar de Casamance en Senegal no se limitan, sin embargo, a las especies acuáticas. Las llanuras fangosas, las orillas y la vegetación constituyen también hábitats esenciales para una avifauna muy diversa. Garzas, garcetas, martines pescadores, cormoranes, pelícanos y otras aves utilizan los canales, las llanuras fangosas y los mangles para alimentarse, descansar o reproducirse. Los reptiles también pueden frecuentar estos medios, en particular el varano del Nilo (Varanus niloticus) y, en ciertos sectores, el cocodrilo de África occidental (Crocodylus suchus).
La preservación del manglar es, por tanto, inseparable de la de toda la biodiversidad de Casamance. La degradación de los mangles, la sobreexplotación de la madera, la hipersalinización, la modificación de la circulación del agua y ciertas presiones ejercidas sobre los recursos pesqueros pueden debilitar el conjunto del ecosistema. Proteger los mangles y sus hábitats permite preservar las zonas de reproducción de los peces y los crustáceos, limitar la erosión de las orillas, mantener la calidad de los medios estuarinos y conservar un patrimonio natural esencial para Senegal.